Andando y roleando
«Buena idea, mala tirada.» — Frase rolera
No sé si les paso alguna vez que alguien los mirara, ya fuese un amigo o un desconocido, y que viese algo en vuestro interior que diera indicio de que podríais tener el gusto o el conocimiento de lo que era un juego de rol y que los invitaran a jugar uno. Yo todavía recuerdo con nostalgia el día en que un amigo de la preparatoria, hace ya algunos años, me invitó a jugar rol por primera vez.
No tenía ni la menor idea de lo a que se refería, hasta que me dio la clave de todas las claves: Advanced Dungeons & Dragons.
Se corrió la voz entre los amantes de los videojuegos de rol del género fantástico basados en las consolas de Nintendo, Sega y computadoras, y entre conocedores de los pilares de la literatura del mismo género, como lo son El señor de los anillos, El Hobbit, Dragonlance y Conan.
Nos reunimos en la casa del jugador que tenía más espacio y comenzamos a asignar los roles: amo del calabozo, guerrero, hechicero, ladrón, clérigo y montaraz. Nuestro amo del calabozo sería el encargado de preparar las aventuras y de darnos las descripciones de todo lo que veríamos y experimentaríamos; un juez imparcial frente a los personajes jugadores.
¿Cómo empezar a explicar lo que sucedió ese día?
Si tuviese que dar mi definición de lo que es un juego de rol después de esa experiencia, diría que es un juego donde se reune un grupo de amigos para bromear, divertirse, reír, discutir y soñar sobre cosas y situaciones que en la vida real sería muy difícil llevar a cabo, mientras se interpreta un personaje separado de nuestra realidad.
Sin embargo, esa primera sesión fue un poco traumática para mi ya que sufrí mi primera muerte. Después de pasar horas analizando las opciones de personajes, elegí ser un nigromante llamado Raistlin Majere —en honor al conocido hechicero, personaje en la saga de novelas de Dragonlance— que falleció al tocar una runa mágica en una roca. Mi tiro de salvación fue pésimo y morí ahí mismo, frente a mis compañeros.
No obstante la ligera frustración, ese simple hecho fue tema de conversación por muchos días y fue solo la primer peripecia de muchas por venir en subsecuentes aventuras. Eventualmente mi personaje fue resucitado gracias a los servicios de un buen clérigo — que dejó limpio al grupo de monedas de oro pues el servicio era caro.
Conforme nos interesámos más en el juego, cada uno fue investigando más sobre las habilidades de su raza y clase y planeando el desarrollo de su personaje. Esperar el fin de semana para reunirnos era de lo más importante y no tener sesión era a veces deprimente, aunque inevitable por la escuela u otras actividades.
Muchos jugadores nuevos se fueron incorporando, mientras que otros abandonaban por diversas circunstancias. Surgieron nuevos amos del calabozo y nuevos anfitriones, lo que arrojó como consecuencia un gran número de aventuras y situaciones diferentes con jugadores muy distintos en sus formas de rolear.
Puedo decir con agrado que jugar juegos de rol me permitió por muchos años disfrutar de buena compañía, mucha pizza, papas fritas, sopas ramen y de conocer a nuevas personas y amigos con los cuales todavía mantengo contacto a pesar de la distancia.
Es gracioso pero, a veces cuando nos vemos, platicamos de antiguas sesiones donde pasaron eventos divertidos y las volvemos a vivir con una intensidad que nos transporta a ese mismo momento en el tiempo donde vivimos como un compañero se sacrificaba por todo su grupo o como otro que siempre tenía mala suerte salvaba el día con una idea brillante o como otro caía fulminado por una trampa o un hechizo mortal del enemigo o amigo descuidado.
Todas esas cosas son las que hacen a los juegos de rol la máxima herramienta de creatividad, donde la imaginación era el límite de lo que podíamos hacer y conforme aprendíamos a imaginar mundos y seres fantásticos y situaciones peligrosas, logramos disfrutar cada vez mas todo aquello a lo que nos enfrentábamos: el calor de una bola de fuego, el frío de una tormenta de hielo, la daga traidora en la espalda a manos de un ladrón escondido o la felicidad de encontrar un arma o armadura poderosa que nos hiciera más fuertes.
Para finalizar, me gustaría decirles que un juego de rol no es solamente un montón de libros con reglas complicadas y diseños y dibujos graciosos. Un juego de rol es la llave de la imaginación, del compañerismo, de la sana convivencia y de muchas horas de conversación amena con amigos y amigas.

